En la Pastelería Mozart se reunían 77 vehículos para participar de esta prueba. La calle se veía sobrepasada por la batahola.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Iniciaban su participación primero los modelos más antiguos, aquí un Ford T y un Mercedes.

 

 

 

 

 

 

 

 

De Concepción nos acompañaba Santiago Y., y reaparecía una dupla de temer en esto de la regularidad: Jaime-Verdugo.

 

 

 

 

 

 

 

 

Marcelo se concentraba antes de la partida, mientras Daniel Lencina nos deleitaba con su música.

 

 

 

 

 

 

 

Desde Osorno llegaba Stefan M. y Sra., participando con Willem G. en el auto de este último. Se daba además una partida simbólica en la Plaza de Armas de Santiago, para luego pasar frente a La Moneda.

 

 

 

 

 

 

Ya en la Esso saliendo por la Ruta 68, Johnny verificaba el nivel del combustible.

 

 

 

 

 

 

Otros viejos estandartes también nos acompañaban: Gerardo y Hernán S. Ricardo K. movía su delicado modelo.

 

 

 

 

 

 

 

Tras visitar María Pinto y Curacaví llegábamos a la Viña Veramonte, donde almorzaríamos.

 

 

 

 

 

 

El estacionamiento no fue fácil, pero los ánimos eran los mejores.

La patrulla de Carabineros nos acompañó en todo el recorrido, y Eduardo hacía amistad para no tener problemas en la ruta...

 

 

 

 

 

 

 

El Pierce Arrow se robaba gran parte de las miradas.

El clima estaba estupendo, y el sol nos regalaba hermosas escenas para la fotografía.

Tras el almuerzo, visitamos Casablanca para luego dirigirnos a Rodelillo.

 

 

 

 

 

 

 

 

Allí llegábamos a la Universidad de Viña del Mar, donde concluía la prueba de regularidad. Nacor reaparecía en el Paige.

 

 

 

 

 

 

 

La camioneta Ford A venía de Rancagua. El Thunderbird participaba en la categoría de los más nuevos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Patricio -como siempre- intentaba ordenar la entrega de formularios de la competencia.

 

 

 

 

 

 

 

El Hispano Suiza era la atracción donde se detenía. Los detalles en madera fascinaban hasta a los más entendidos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Desde el "aire" se lograban excelentes tomas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los Gálmez se veían felices, previo a la partida al Hotel Miramar en Viña.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Alguna pana mecánica menor mantenía entretenidos a los pilotos y sus familias.

 

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