La madrugada del Sábado 15 nos reunimos en el Terminal Tur Bus de Santiago para dar comienzo a la heroica gesta. El ánimo y la lectura del libro de ruta estaban en su apogeo.


Hasta la fuerza policial se había hecho presente, tras grandes negociaciones. Otros definitivamente no pudieron partir, como Juan Enrique, Alfonso, Raúl y René.

A poco andar ya teníamos la primera baja: Miguel A. en su recién restaurado Nash. Sin embargo, y como el Muletto se encontraba disponible, ¡que venga el Che-Nash! Aquí lo vemos solicitando apoyo de grúa.

En Curicó vemos a Felipe, Sergio y Manfred comentando los primeros kilómetros. Mientras tanto, Freddy pasaba raudo en la etapa de regularidad uruguaya.


El almuerzo en Panguilemo atrajo las miradas curiosas y algunos cacharros locales.


Mientras, ya habíamos perdido a Nicanor en el Ford A. También graves problemas en el motor. Ya pasado el kilómetro 300, nos encontramos con el Whippet de Wilhelm con una biela rota. Había perdido mucho aceite y eso destrozó el motor. En este caso también había un Muletto por ahí, así que "que venga el Ford A en la rampla". Llegaría a la mañana siguiente a Los Angeles.


Una vez en Chillán, el auto de Manfred empezaría a perder agua por un problema con el aspa del ventilador. Aquí lo vemos retando a su mecánico... a 400 km de distancia...

Una paradilla en el camino permitió a Alvaro revisar los platinos del Ford. El gringo ayudaba mirando.


A pesar de viajar más calmado, Marcelo se las había arreglado para llegar entre los primeros al complejo Las Mellizas (ver foto), lugar donde alojaríamos tras esa jornada.


Un buen cóctel al llegar y a verificar el estado de nuestras máquinas. Esa misma noche empezaba a llover, por lo que los equipos de "apoyo" (Carabineros y BLB "Oso" Producciones) jugaban una mesita de pool para relajarse.


A la mañana siguiente, Wilhelm ayudó a bajar el Ford... y se mojó un poquito.

En Los Angeles éramos estrellas de televisión, y el Ford recién estrenado partía con dudas en la bobina.


En cada pueblo recibíamos el cariño de los locales, y cada control de sello se convertía en un evento social, dado que las agencias de Tur Bus que debíamos visitar habitualmente se ubicaban en las plazas locales. Aquí vemos a Miguel cambiando un neumático.


La hospitalidad era grande también, el gringo y papito lo comprobaban. Ya almorzando en Villa Baviera, vemos al "niño" del grupo disfrutando de su helado...


Hernán y Alfredo disfrutaban del auto prestado de Jaime, el Oso filmaba también bajo la lluvia y Talcahuano nos recibía con un clima infernal, un temporal de primera línea.


La recepción era en la Municipalidad del puerto, y había también gente de la filial Concepción del Club esperándonos.

La exposición al llegar era grata y los primos aplaudían a rabiar.

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