Fernando paraba a ver si el puente era apto para el Viagra, mientras Manfred y Mario tenían pana de rueda. Y la verdad es que no se desinfló, sino que simplemente perdió pedazos el neumático...

 

 

 

 

 

 

En Panguipulli, la recepción fue genial. Desde los niños disfrazados, hasta la participación de Carabineros y autoridades locales.

La cantidad de gente que se agolpó a ver los autos fue importante, como vemos en estas dos panorámicas.

 

 

 

 

 

 

Fernando le sacaba el lustre a su nueva joyita. Y cómo cumplió. En Máfil, la fila india descansaba frente a la plaza.

 

 

 

 

 

 

 

 

El almuerzo en San José de la Mariquina nos trajo una sorpresa: ¡Apareció Nacor en el Citröen!

 

 

 

 

 

 

En Valdivia, y tras ritmos militares entonados por la banda local, partimos a Niebla. Aquí, una foto de grupo, que representa a una parte importante del grupo humano que participó de la competencia.

La última jornada se sabía muy cansadora. Partiendo desde Valdivia, Manfred continuaba con la "restauración en viaje" del Chevrolet. Esta vez era la bobina. La recepción en La Unión fue en grande, incluyendo discursos, pie de cueca y cóctel.

 

 

 

 

 

 

 

 

Tras pasar por Río Bueno nos dirigimos a Osorno, donde nos esperaba un contingente de la filial local del Club. Esto fue en la plaza, mientras la lluvia no paraba de caer. Raudos a Entre Lagos, para al regreso pasar a almorzar al Auto Museum Moncopulli, donde Bernardo nos mostraría su última restauración (evidentemente un Studebaker).

 

 

 

 

 

 

Aquí tratamos de repetir la panorámica, pero sólo abarcó 17 de los 20 autos que quedaban en competencia.

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En Puerto Octay, y tras una ardua prueba de regularidad fotográfica, la lluvia causaba sus efectos sobre los autos. En Puerto Varas, menos mal, nos esperaban en una calle techada frente a la plaza.

 

 

 

 

 

 

De Puerto Varas a Puerto Montt debíamos pasar por Alerce, y para los que estaban con posibilidades de ganar la competencia, esta etapa sólo era una cosa: una competencia de velocidad, con riesgo de destruir el auto ¿o no Freddy? (vemos como humea el Ford por arriba y abajo al llegar a Puerto)

 

 

 

 

 

 

Sin embargo, los abrazos y felicidad no se hicieron esperar, y a pesar de que el último control de sello fue muy difícil de cumplir a tiempo, el grupo permaneció en la Costanera de Puerto Montt durante largo rato, hasta que oscureció. Queda la duda si Freddy creía que con ese bidón (¡completo!) de agua repararía el motor fundido...

 

 

 

 

 

 

 

A la mañana siguiente (Sábado 22) se realizó la premiación, resultando tercero el binomio de Concepción, Santiago Yerkovich y Mario Vega.

Segundos resultaron Gerardo Kahlbhenn y Felipe Solar, quienes posan aquí junto a los ganadores, Federico Strauss y su señora Carmen, y las gerencias de Tur Bus que participaron.

Habiendo amanecido despejado, llevamos los autos a cargar a los camiones de Tur Bus.

Sin embargo, comenzó un aguacero que nos dejó más mojados de lo que habíamos estado en todo el viaje, por lo que después de dos horas cargando los autos los ánimos -ya cansados- empezaron a decaer.

 

 

 

 

 

 

Los que participamos agradecemos a Jesús y la empresa Tur Bus por este brillante evento, que congregó a un lindo grupo, el que lo pasó fenomenal. ¡Nos vemos a sus 60 años!

 

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