

Desde Bahía Inglesa partíamos al norte, llegando rápidamente a Chañaral. Inmediatamente continuábamos al oriente, subiendo hasta Diego de Almagro.


En dicha localidad, el calor era insoportable, y Antonio debía meterse bajo el Ford de Marcial para un ajuste menor. Varios ya preguntaban adonde almorzaríamos.


El hijo de Rodrigo era el último participante integrado, y lo hacía en grande, al volante. Decidimos almorzar en un pueblo abandonado, Llanta, y frente a su iglesia. Varios autos ya presentaban principios de "apunamiento", y algún piloto presentaba síntomas de insolación (¿o no, Gerardo?).


Tras el almuerzo, comenzaba la gran trepada hacia El Salvador. El auto de Manfred se quedaba sin fuerza, mas no era la altura, sino nuevamente la bomba de bencina. Se decidió, ante la emergencia, ponerle una bomba eléctrica.


Esa tarde se hizo una exhibición en la plaza de El Salvador, con gran asistencia de público. La Directiva realizó esa noche una reunión extraordinaria.


La mañana del Miércoles partíamos temprano rumbo a la cordillera. Primero pasábamos por el Portal del Inca, y seguíamos subiendo.


El camino era empinado y sinuoso, aunque en general en buen estado.


Frente al cruce a Potrerillos, podemos ver posar a Manfred en su Roadster. La subida se ponía más difícil, y las burras se acercaban.


Solo ver lo que venía en el camino asustaba. El auto de Jesús era el primer caído.


El creía que se trataba de un problema de alimentación de bencina... mas el tema era más sencillo... simplemente la pana del tonto, que se acentuaba por el ángulo inclinado del camino. A la derecha podemos ver a los organizadores del Rally, el Kiko y Manfred.


Sobre los 3.500 metros de altura, el "muletto" empezaba a flaquear. Siendo el más moderno por lejos la situación era un poco irónica.

Tras algunos kilómetros, llegábamos al Salar de Pedernales. La vista era asombrosa.


Los pilotos se mostraban cansados, mas muy ilusionados. La siguiente parada era en el Tranque La Ola, receptorio de aguas salobres. La temperatura del agua congelaba a cualquiera.


Menos a estas aves, que sólo después de que el Gringo las molestara mucho, decidían emprender el vuelo.

Llegábamos finalmente al Salar de Maricunga, punto supuestamente más alto de nuestra ruta (sobre los 4.000 m.s.n.m.). Ahí despedíamos a Jesús y Marisol, quienes debían volver a Santiago más rápido que los demás.

Más cerca del salar, buscamos un lugar adecuado para el pic nic de almuerzo. Impresionó a algunos encontrar gran cantidad de agua en el salar.


La altura empezaba a caerle mal a algunos. A unos más que a otros.


Problemas mecánicos varios entretenían a Marcial y Santiago.


Tras el almuerzo, comenzaba el viaje a Copiapó. Nuestro guía había indicado que "era pura bajada", sin embargo debimos primero subir sobre los 4.300 metros de altura para luego empezar a bajar. En un aro en el descenso, nos despedíamos de nuestros amigos penquistas, quienes tras estos nuevos problemas mecánicos ya no querían más guerra y se devolvían al sur.


Realmente eran muchos kilómetros de descenso, pues Copiapó está a una altura más que razonable. En el Hotel podemos ver a Antonio e hijo descargando la camioneta de apoyo.
Página Anterior Página Principal Página Siguiente