La mañana del Jueves nos reagrupábamos a la salida de Copiapó, pues un hijo de Raúl nos había invitado a conocer una mina de oro en la que participa. Uno sólo de los pilotos no se reunió, y habiendo entendido que había que recorrer 30 kilómetros, partió solo rumbo al norte. El problema es que la mina estaba hacia el sur, por lo que cuando finalmente logramos tener contacto telefónico, debimos esperar casi una hora a Marcial...

 

 

 

 

 

 

 

 

Al llegar al cruce en que lo aguardábamos, recibió una cordial bienvenida, incluso con un tema musical preparado para la ocasión. Partimos entonces en dirección a la mina, en un camino corto pero complicadísimo.

 

 

 

 

 

 

 

 

Al llegar a la base de operaciones de la mina "India Coya", los mineros no lo podían creer, además nadie les había avisado que llegaríamos en caravana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gracias a la gentileza de Raúl hijo, pudimos visitar el interior de los piques donde se realizaban exploraciones.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Más de alguno encontró a un viejo conocido. Cuando el calor empezaba a arreciar, decidimos ir a buscar un lugar adecuado para nuestro pic nic almuerzo.

Raúl bajaba hinchado de orgullo, tras ver la obra de su retoño.

El almuerzo finalmente se realizó a la vera del camino, con los restos de pic nic anteriores...

 

 

 

 

 

 

 

Esa noche alojamos en Vallenar. A la mañana siguiente nos entrevistaba la radio local.

 

 

 

 

 

 

 

Debido a un cambio de último minuto, donde nos cancelaron la visita a un observatorio, decidimos enfilar a conocer el Valle del Huasco. Ahí pudimos conocer el embalse Santa Juana, punto de acumulación de aguas para la agricultura local.

 

 

 

 

 

 

 

 

La obra de ingeniería nos impresionó. También nos impresionó que el agua sea tan poca que jamás se pensó en obtener electricidad de ella, si no sólo se limitó al regadío.

 

 

 

 

 

 

 

 

Más arriba en el camino se aprecian trazos de verde.

 

 

 

 

 

 

 

 

Llegamos hasta Alto del Carmen, donde nos recibió el alcalde subrogante, quien nos paseó por la plaza y alrededores.

 

 

 

 

 

 

 

También nos obtuvo una visita rápida a la planta pisquera del mismo nombre, famosa a nivel nacional.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los pilotos aprovecharon el tour para degustar un vaso de... agua.

 

 

 

 

 

 

 

El sector de las grandes pipas atrajo la mayor cuiosidad, incluso más que el de los alambiques.

 

 

 

 

 

 

 

Regresamos a Vallenar haciéndole competencia al tren, quien finalmente no pudo alcanzarnos... Más tarde partimos en dirección a La Serena.

 

 

 

 

 

 

 

 

Esa tarde el clima era agradable en La Serena, lo cual permitió que la Directiva se riera de si misma, a la espera de la cena.

Esa noche se realizó la premiación general del Rally, con un adecuado reconocimiento a los pilotos que habían logrado la gesta.

 

 

 

 

 

 

 

Se aprovechó la ocasión para re-bautizar al Kiko. La mañana del Sábado, y ya fuera del Rally, los autos tomaban ruta a Santiago. El auto de Manfred había presentado ruidos raros hace días, los cuales sólo empeoraron esa mañana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y la consecuencia fue nefasta: El Chevrolet ya no anduvo más por un problema en una bancada, y debió ser remolcado hasta la capital. El hito del kilómetro 410 quedó como mudo testigo del fin del Rally para Manfred. Pero la meta ya estaba cumplida. Para todos.

 

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