
Aprovechando la beneficiosa situación del cambio monetario, decidimos repetir el paseo a la ciudad trasandina. Esta vez, eso sí, trataríamos de imponer un nuevo récord de participantes, aunque fuera a costa de autos de otras épocas. Algunos se tomaron eso muy a pecho.
Nota: Las siguientes fotos están minimizadas con el fin de no hacer muy pesada esta página. Si alguien se interesa por el original de alguna de estas fotos (tamaño 640*480) favor contactar al webmaster.

Los primeros autos salieron antes, dada su mayor antigüedad. Aquí vemos algunas de las burras participantes.


Partiendo desde Vitacura, el resto del grupo cargaba bencina en la misma bomba un rato después, pero se encontraron con una falta de bomberos. Se debía a que éstos habían salido persiguiendo a uno de los primeros pilotos, quien había olvidado pagar (¿triquiñuelas de abogado?). La foto de la derecha es elocuente, pues retrata el momento en que llegando a Portillo el bombero saca la boleta creyéndose carabinero.


Pasado Portillo y la siempre demorosa aduana, tuvimos la fortuna de seguir con buen clima en dirección a Uspallata, donde comeríamos los primeros bifes chorizo.


Marcelo -tras almorzar- revisaba su modelito, el cual como vemos a la derecha siguió sin problemas, pese al gran contingente de niños apostado en el asiento trasero.

Una vez arribados en Mendoza, los clásicos "pinta-monos" del club (sin ofender) se probaban los modelitos del mejor cuero argentino... Era solo un entremés para lo que pasaría después.

Ya en el subterráneo del hotel, los modelitos descansaban, mientras los choferes salían a comer sin una previa reserva... creían que era muy fácil encontrar espacio para 60 personas... En todo caso el andar en un bus gentilmente facilitado por Tur Bus evidentemente ayudó.

Una vez que volvíamos de la cena, se dió una alarma: Se acabaría el combustuible en la ciudad. Con ese antecedente, la mayor parte de los pilotos salió en una incursión de medianoche a cargar bencina, en las bombas en que ya se agolpaba la gente.




Al otro día, y tras las compras de rigor, salimos a almorzar en bus guiados por nuestro amigo Ernesto, autóctono de esta "modesta ciudad".


En la foto de la izquierda vemos a los hermanos Sáenz, quienes no alcanzaron a llegar en auto al país vecino, por lo que se conformaron con acompañar desde el bus y junto a Solano.


Tras el almuerzo, fuimos nuevamente de compras al mall, regresando aún más cargados. Favor notar la foto de la derecha, en que Felipe y Freddy gozan del calor de sus nuevas chaquetas, mientras los demás están locos con el calor reinante en el bus.


Esa noche fuimos al Restaurant "Marchillana" (esta vez con reserva) y resultó todo un éxito. En la siguiente serie de fotos vemos a casi todos los participantes, además de los que se agregaron en una llegada posterior, incluso sin ir en autos antiguos.












La mañana siguiente se perpetraba el retorno a Santiago. Manfred le ponía el penúltimo litro de aceite al Chevro, mientras Miguel discutía con Freddy.


El clima seguía muy bueno, y el retorno fue placentero, salvo para los "muchos" que tuvieron panas en el camino. El show empezó con Manfred, quien casi pierde un rueda. Con su suerte, pudo contar con los clavos de Miguel para reparar el descalabro...


El viaje continuaba luego por túneles y cerros. Algunos corrían, otros seguían relajados. Claro que muchos no pudieron soportar la tentación de un último platito antes de salir de Argentina.


Sería luego el propio Miguel quien tendría una pana menor, arriesgando la correa del ventilador. Vemos aquí a Ricardo K. dándole una mano.
Finalmente, la llegada a Chile trajo nuevos abrazos y agradecimientos, especialmente entre los compañeros de aquella memorable jornada. ¡Que viva el Che-Nash!

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