

El jueves 22 salimos rumbo a Chile, cruzando la frontera en Cerro Castillo hasta el Refugio Torre Central, recorriendo 254 km, de los cuales más de la mitad fueron de ripio.


El viento soplaba fuerte.

Una linda panorámica con algunas de las burras.


Nuestros amigos penquistas Mario y Santiago disfrutando un café.


Más de algún auto ya no podía moverse por sus propios medios.


Freddy reaprovisionaba de combustible el Roadster.


Ya se empezaba a divisar el Parque Nacional Torres del Paine.


Al llegar al parque, inmediatamente nos impresiona la cantidad de animales que se veían desde los autos.


Guanacos, ñandúes, cóndores y zorros fueron algunos de los animales que nos recibieron en la hostería donde seguramente éramos los únicos chilenos entre turistas europeos, norteamericanos y japoneses.


El merecido descanso llegó con una cuota de aventura, ya que estábamos repartidos en varias piezas con 6 o más camarotes y baños comunes. El espíritu aventurero de las señoras fue puesto a prueba nuevamente…


Amaneciendo con un cielo azul y sol radiante, salimos a explorar el parque recorriéndolo en dos mini-buses por todos los rincones maravillosos hasta llegar al Lago Grey.


Los Cuernos del Paine nos mostraban toda su majestuosidad.


Dos viejos zorros se dejaban ver.


Marianne fotografiaba cada detalle.


En el lago Grey nos embarcamos en una visita al ventisquero, llegando entre témpanos a escasos metros del macizo de hielo.

Fue una experiencia inolvidable poder compartir juntos este paisaje único y explorar las maravillas naturales de la Patagonia chilena.


Freddy usaba su celular como máquina fotográfica.

Francisco se veía cansado, extasiado de tanta belleza.


El sábado 24 partimos a Punta Arenas vía Cerro Castillo y el camino nuevo a Puerto Natales, que pasa cerca de la conocida Cueva del Milodón. Nos recibió un amable simpatizante de los autos antiguos.


Ya en Punta Arenas, nos emocionó de sobremanera ver al "Viagra" cumplir con el recorrido, tal como lo hizo antes en tantas ocasiones junto a nuestro querido "Papito".


Varias de las mujeres del Rally posaron al llegar a la meta.

También sacamos una panorámica con los que habían logrado la hazaña.

Luego de reagrupar la caravana, y con la llegada de la camioneta con el radiador perforado de Raúl D., enfilamos en caravana por las calles de Punta Arenas hasta ser recibidos en la plaza por el Alcalde de la comuna.


Esa noche clausuramos el memorable Rally con una excelente comida de centolla y mariscos en el conocido restaurant Sotito’s Bar. El retorno en avión al otro día fue sin novedades y llegamos a Santiago pasado las 2 de la tarde, luego de haber recorrido mas de 2.600 km entre Chile y Argentina, en 10 agotadores pero inolvidables días.
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