El inicio estaba fijado no tan temprano desde la Pastelería Mozart. Esto era, porque pretendíamos almorzar antes de empezar el tramo ripiado de la primera etapa. Sin embargo, con el estómago vacío no partíamos...


El Roadster recientemente restaurado por Felipe A. hacía su aparición en público (ver foto arriba a la derecha). El trabajo se veía muy bueno, a pesar de que llegaba pidiendo asistencia mecánica. Posteriormente se reivindicaría.
Una breve reunión de pilotos, para confirmar direcciones a seguir, y en camino. Mañungo era el primer abandono, tempranamente en la autopista a Chacabuco, por una falla que rompió el radiador.


El equipo penquista Yerkovic-Vega y la dupla Gringo-Víctor adelantaban raudamente en pos de las empanadas y demás exquisiteces que nos esperaban en casa de Johnny.


Ya en casa de nuestro socio Johnny B., algunos se deleitaban con la completa desarmaduría de burras que ofrecían los galpones del lugar.

Otros veían el sol que empezaba a acompañarnos y que no nos abandonaría sino hasta el regreso. El cocktail almuerzo ofrecido fue de lo mejor, reafirmando los cuerpos para lo que venía.


Mientras Jaime y la mayoría partían, Manfred había detectado hace rato una pana más o menos grave en su Chevro, por lo que ya partía donde Miguel S. (socio de la zona) a "pedir prestados" unos repuestitos. Más tarde alcanzaría igual al grupo.


El camino pasado Putaendo presentaba algunas dificultades, las cuales eran sorteadas por Freddy y Papito.


Un arito en el camino permitía tomar la primera de las panorámicas con un grupo de los participantes.

El paisaje era imponente, aún se veía mucho verde, y luego venía un tramo pavimentado que alegraba la vida, especialmente de aquellos que iban en autos sin capota.


Volviendo al ripio y tras pasar el imponente túnel Las Astas, un merecido descanso con vista al valle.

Tras bajar esa cuesta, vendría una recta con funestas consecuencias, puesto que nada menos que tres vehículos presentaron panas allí. Primero fue Darío, con una pana eléctrica menor. Más adelante el equipo osornino de Javier y Mario quedaban sin tracción por problemas en la masa derecha, y al tratar de ayudarlos, Cristián y su hijo quedaban en pana en medio de la ruta por falla de la bomba de combustible. A pesar de tener bloqueado el camino por horas, nadie había para reclamar... La once no se hacía esperar con unos sandwiches de queso.


Tras una cantidad no menor de problemas, llegábamos los últimos de noche a Salamanca, y de ahí por ruta pavimentada a Illapel.
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