La mañana del tercer día nos llevaba al Terrapuerto de Ovalle y su colindante Mercado. Ahí nos hicimos del cocaví para seguir en ruta.

Tras una nueva pana del team osornino (esta vez una de las balatas) en la parte pavimentada del trayecto, empezaba la interminable cuesta hacia Samo Alto y Hurtado. En el camino el Kiko quedaba paralizado al encontrar repuestos en caso de eventual pana...

 

 

 

 

 

 

Tras un buen rato de conducción sinuosa, hacía falta quesito de cabra y algo para tomar. El lugar se prestaba, la única sombra en kilómetros a la redonda...

 

 

 

 

 

 

Ahora sí que la cuesta se empinaba. Por sobre los 2.000 metros de altura, las burras lo único que querían era agua.

 

 

 

 

 

 

 

Con maña, todas llegaban a la cumbre.

A pesar de que se suponía íbamos bajando, aún se presentaban cuestas arriba no menos complicadas como la de la foto de la derecha.

 

 

 

 

 

 

 

Este tramo estaba abiertamente malo, con rocas grandes a la vista, lo que hacía lento el descenso.

 

 

 

 

 

 

Tras la última zona de "eses" (donde vemos a Jaime T. desde el aire), a Marcial casi se le incendia el "Enrique". Corrección inmediata, continuaba el viaje. Ya estábamos cerca de Vicuña.

 

 

 

 

 

 

 

Ya con vista a Vicuña, a Jesús no le dieron ganas de arriesgarse a la última bajadita, por lo que decidido empezó a regular las varillas de freno del Lincoln.

 

 

 

 

 

 

 

Esa noche en la cena, a pesar de estar montado en la ventana, Kiko hacía esfuerzos por lograr la atención del grupo. Las historias ya eran demasiadas, sin embargo con unos chistecitos el respetable le tomó atención.

 

 

 

 

 

 

 

 

Tras los discursos, vinieron los bajativos, los que en algunos se notaron más que en otros...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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