A la mañana siguiente partíamos desde San Martín de los Andes, con Juan Eduardo a cuestas pues le había fallado el embrague. Éste ya venía en camino gracias a las gestiones en Santiago de Jaime T. y Miguel A.

 

 

 

 

 

 

 

La vista al salir desde San Martín es espectacular.

 

 

 

 

 

 

Este día sería funesto para Hernán. Empezaba en la mañana con problemas en el cortacorriente.

 

 

 

 

 

 

 

Rodolfo paraba para disfrutar de la genial vista en medio del bosque.

Otro grupo importante se detenía y comenzaban las fotos.

Más allá Luis Alberto quedaba en pana de rueda, y disfrutaba mientras otros le hacían el servicio... a la derecha podemos ver los cuatro Chrysler participantes del Rally.

 

 

 

 

 

 

 

Ahora Hernán reventaba su batería, lo cual obligaba a transformar temporalmente el auto a 12 volt. Posteriormente encontraría una batería adecuada de 6.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El lago Traful nos permitía almorzar con linda vista a sus aguas. Alfredo hasta se atrevía y bajaba la capota.

 

 

 

 

 

 

 

En Confluencia retomábamos el pavimento hacia Bariloche. José Miguel aprovechaba que los "viejitos" dormían y corría a fondo contra Hernán.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El día siguiente era de descanso en Bariloche, lo cual sirvió para disfrutar de las bellezas locales y de la partida del Rally de las Mil Millas Argentinas, que coincidía en el día. Acá pueden ver fotos.

 

 

 

 

 

 

 

 

El Llao Llao y el Centro Cívico como íconos del turismo local.

 

 

 

 

 

 

 

 

Esa noche se organizó una cena. Acá podemos ver gran parte de los participantes del Rally.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La última etapa oficial del Rally involucraba regresar a Chile por el paso Cardenal Samoré. El día empezaba con un temporal de viento. Al llegar a la aduana argentina se había nublado.

 

 

 

 

 

 

 

Ya en plena cordillera la visibilidad era casi nula, y la temperatura calaba los huesos. En la aduana chilena el clima nos daba un respiro.

 

 

 

 

 

 

 

 

Sin embargo al subir a Antillanca, donde almorzaríamos, la lluvia era muy fuerte.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Esa tarde bajábamos hasta Moncopulli. Aquí vemos a Fernando y Jesús raudos.

 

 

 

 

 

 

 

 

Juan Eduardo aceleraba también. Finalmente a las 19 horas llegábamos de acuerdo a la invitación de Bernardo al museo, para su evento de celebración del décimo cumpleaños. Aquí terminaba el viaje, al menos para nuestras burras.

 

 

 

 

 

 

 

Al día siguiente el sol volvía a aparecer y nos acompañaba desde Antillanca a la casa de los padres de Mario F.

Algunas visitas extras aparecían, como Víctor M. y Jaime T.

 

 

 

 

 

Tambíen el socio local Raúl Wetzel nos acompañaba.

 

 

 

 

 

 

 

Tras el buen almuerzo Felipe reconocía a Guillermo y Adelma, los dueños de casa.

 

 

 

 

 

 

 

 

La última foto de grupo ya contaba con algunos desaparecidos, que habían arrancado antes de que volviera a empeorar el tiempo.

Carmen posaba coqueta en la camioneta de Raúl.

Esa noche asistiríamos a la celebración de los 25 años del Club de Automóviles Antiguos de Osorno.

 

Página Anterior    Página Principal