La mañana del Sábado 6 de Noviembre nos encontrábamos en Calama con las burras. La noche anterior habíamos viajado desde Santiago vía aérea, mientras los autos lo habían hecho en camión. Nuestro mecánico -Antonio- las tenía en orden de marcha para enfrentar el desafío que se nos acercaba.

El Rally partía oficialmente en las cercanías de la ciudad, en el lugar donde se había librado la batalla de Topater hace más de un siglo.

Allí nos esperaba una banda del Ejército, quienes nos deleitaron con himnos alusivos a la gesta histórica de la Guerra del Pacífico y nuestra Canción Nacional.

Tras este recibimiento nos dirigimos a Chuquicamata, donde pudimos conocer la mina de cobre a tajo abierto más grande del mundo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Incluso nos autorizaron a entrar algunos vehículos al mirador.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Visitamos luego la plaza de Chuqui, donde la gente no paraba de sorprenderse. La mayoría no esperaba encontrarse con este espectáculo en su habitual jornada. Tras el almuerzo, nos dirigimos hacia San Pedro de Atacama. Aquí vemos a Jesús peleando con la "cuesta arriba", reclamando que al Hudson le faltaban HP...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Al atardecer visitamos el Valle de la Luna. Aquí podemos ver el sector llamado "anfiteatro".

 

 

 

 

 

 

 

Freddy estaba feliz, concentrado en el paisaje.

La madrugada siguiente contemplaba un paseo en minibus a los géiser del Tatio. El frío calaba hondo, pero las imágenes valen más que mil palabras.

 

 

 

 

 

 

 

No faltó el valiente que se bañó en la piscina natural del lugar. Al bajar, nos encontramos con el poblado de Machuca, que sobrevive en medio de la nada. Como se puede ver, la iglesia es el lugar más importante del pueblo.

 

 

 

 

 

 

 

Esa noche Matías y Manfred nos presentaban a sus nuevas amistades locales. La mañana siguiente (Lunes) nos dirigía al sur, específicamente a Toconao.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En el camino visitamos la laguna Chaxa y pudimos ver algunos flamencos en pleno Salar de Atacama. Aquí vemos a Papito y Raúl enfilando hacia el sur, rodeando el salar.

 

 

 

 

 

 

La llegada a Peine fue todo un suceso. El pequeño poblado suspendió hasta las clases para que los niños pudieran apreciar estos autos, que como dijo uno de los pobladores "venían por vez primera y no los verían más".

 

 

 

 

 

 

 

Pero debíamos partir. El trayecto de este día era muy largo, y por caminos de ripio en buen porcentaje.

 

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