Desde Peine partíamos al poniente cruzando el Salar de Atacama. La imagen era fuerte, el camino mejor de lo que esperábamos. Manfred no lo podía creer y tomaba en sus propias manos un pedazo de sal, frente a la Sociedad Chilena El Litio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Terminando el cruce, nos detuvimos a un almuerzo tipo Picnic y a recargar combustible desde los estanques móviles. El calor era impresionante, y se veía una cuesta grande a superar.

 

 

 

 

 

 

 

Subiendo la cuesta, varios debieron tomárselo con calma, como el gringo y Raúl, otros subieron con más holgura. Entre estos últimos vemos a los Macan y el "team chucrut", nuestros amigos Wolfgang y Norbert de Alemania.

 

 

 

 

 

 

 

Cruzando el desierto de Atacama podemos ver a Miguel, en su reestrenado Nash. El largo tramo nos llevaría al ex pueblo salitrero Chacabuco.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Esa tarde iríamos hasta Antofagasta, llegando prácticamente de noche. La mañana del Martes teníamos como partida la plaza de la ciudad, y una obligada visita a la mítica portada.

 

 

 

 

 

 

En Mejillones visitamos la alcaldía de mar. Luego seguimos por la ruta costera al norte, para almorzar en Tocopilla.

 

 

 

 

 

 

 

Esa tarde comprobó ser negra para la suerte del Chevrolet de Manfred, que finalmente y tras cruzar el Loa debió ser remolcado hasta Iquique. Pero el Miércoles al mediodía ya estaría de vuelta en la pelea, gracias a la habilidad de Antonio y el tener suerte para encontrar repuestos similares en diversos talleres locales.

Un día de descanso en Iquique no le venía mal a nadie. Aquí vemos a algunos orgullosos participantes (unos más que otros) en el monumento al marinero desconocido, frente a la boya instalada por el naufragio de la Esmeralda en 1879.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Jueves partimos nuevamente hacia la cordillera, pasando como primera cosa a Humberstone, salitrera y pueblo que está siendo restaurado parcialmente.

 

 

 

 

 

 

 

A las 11 de la mañana literalmente nos "tomamos" el teatro, y comenzó el espectáculo musical en pleno. Primero fue el turno de Manfred, luego de Mariana y Marcial.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Finalmente la "armada germana" intentaría sus gracias. Afuera del teatro, una foto grupal.

 

 

 

 

 

 

Luego nos dirigimos a La Tirana, a conocer la iglesia que a tantos fieles reúne todos los años en su gran fiesta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los niños salieron de la escuela con tarea: debían dibujar los autos que visitaban el pueblo. La tarea no fue nada de fácil, pero siempre habían almas caritativas como la de Felipe S. que ayudarían con los dibujos. A la derecha se aprecia la iglesia original, que queda de alguna manera fuera del circuito turístico tradicional.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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