Al devolvernos al norte visitamos el Fuerte Baquedano, donde su regimiento "Cazadores" nos recibió y permitió visitar el pequeño museo que tienen referente a los temas Guerra del Pacífico y época dorada de las salitreras. Aquí vemos a ambos Felipe haciendo entrega de un reconocimiento.


Raudamente nos dirigimos nuevamente a la cordillera, para conocer el lugar donde se llevó a efecto la batalla de Tarapacá, cerca del pueblo San Lorenzo de Tarapacá, que también visitamos.

La tarde nos llevaría un poco al sur y bastante más alto. Subiríamos a las Termas de Mamiña, en plena cordillera. El Nash demostraba algunas flaquezas y prefería hacer el ascenso "a lomo de mula". Darío y Wilhelm intentaban llegar antes del anochecer arriba.


Esa noche en el hotel nos deleitaría con un espectáculo folclórico este auténtico representante de la cultura nortina.

De madrugada partíamos el Viernes, rehaciendo el camino de regreso. Empezábamos con sol pero frío, más cambiaba abruptamente el clima y una camanchaca con lluvia y neblina nos atrasaba más adelante.


Al llegar al lugar donde tuvo efecto la Batalla de Pampa Germania nuestras mujeres se agrupaban para una foto, más faltaba Mariana.

Los autos hacían lo propio, frente al monolito que existía aquí como en todos los lugares históricos que visitamos.

Más al norte vistamos el pueblo abandonado y el lugar donde se libró la batalla de Dolores. En el pueblo hasta encontramos algunas reliquias, como monedas, etc. El sol del norte mantiene las cosas casi intactas. Luis Alberto casi no llegaba, había tenido una pana "menor": se le había caído el carburador en plena carretera. Pero lo encontró.
La meta era llegar a almorzar a Pisagua, sin embargo nadie contaba con que el camino estaba completamente en reparaciones. La ruta era entretenida, prácticamente había que encontrar la huella por la arena. Tras una bajada tremenda encontrábamos el lugar donde se desarrolló el mítico desembarque de Pisagua por parte de la armada chilena.


Abajo nos tomamos algunas fotos y tuvimos oportunidad de degustar mariscos locales como almuerzo.


Felipe no paraba de saludar como militar, la situación era demasiado buena para él, dado que sólo se pudo incorporar al Rally en Iquique por problemas de salud. Y era él quien más quería venir...


Al regresar, la cuesta era complicada para las burras. Algunas se calentaron, otras tuvieron pana de rueda. Pero "para qué están los amigos" decía Francisco, aceptando de buena gana la ayuda de otros pilotos.


Tras ver estos geoglifos venía la mítica cuesta de Camarones. Y Cristián y sus hijos no tenían ni agua ni bencina... el Ford A hervía de lo lindo pero igual subió.


Pasada la cuesta al gringo se le cayó el escape. Aquí vemos a Jaime intentando con Manfred sujetar los restos a la carrocería del auto.

El destino era claro... llegar a Arica de día.
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